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La salud mental dentro de la organización.

Actualizado: 15 de jul de 2020

Hay momentos en que uno puede sentirse harto del trabajo, cansado de reinventarse, de sacar lo positivo de cada situación, de ser optimista. Incluso, hastiado de buscar nuevas formas de ganarse la vida. Sin embargo, viendo las cosas con calma, los resultados pueden ser no tan negativos, cuando se es capaz de buscar oportunidades de crecimiento.


Los desafíos no tienen descanso en el momento actual. Es abrumador tener que lidiar con la frustración que resulta de asimilar la nueva realidad. Urge tener una visión de “terapia psicológica” en un contexto complicado donde el problema raíz aún no está resuelto y solucionarlo está fuera de nuestro alcance.


En tiempos de una inédita crisis sanitaria y económica abunda la gente que reacciona con brusquedad, enojo y severidad ante cualquier estímulo. No faltan las personas que solían ser tranquilas y colaboradoras que se niegan a aceptar los cambios, que se aferran a la ilusión que todo sigue igual, o que las cosas volverán en algún momento a ser como antes.

De acuerdo con diversos estudios, la ansiedad, el estrechamiento cognitivo y el apego a las viejas formas son respuestas naturales para quienes se sienten abrumados por eventos que no pudieron anticipar, no comprenden y se sienten incapaces de controlar.


La triste realidad es que se concede poca importancia en los espacios laborales a la salud mental, tanto de colaboradores, como equipos y colegas. Del líder se necesita hoy más que nunca que se mantenga calmado, sereno, ante los demandantes estímulos externos, ante los cuales a veces no están debidamente preparados.

El liderazgo de cada organización requiere apoyos de todo tipo para superar la negación, el miedo, y aprender formas de autogestionarse.


Superar la negación y el miedo

Paradójicamente, los miembros de equipos históricamente exitosos y acostumbrados a dar buenos resultados, podrían tener una caída más estrepitosa: son menos experimentados en enfrentar situaciones de recuperación e incluso crisis que requieren supervivencia.  En tal caso, sus temores pueden ser mayores.


Cuando las decisiones empresariales incluyen recortes para llegar a niveles de costos nunca antes vistos, se vive una exigencia dolorosa a fin de hacer realidad los nuevos presupuestos. La tremenda carga emocional que esto conlleva, hace necesarios apoyos para externar miedos y temores, como el coaching grupal o uno a uno, brindar apoyo terapeútico para asegurar la catarsis, ó desarrollar retiros que permita al equipo externar sus miedos y angustias.


No es nada fácil superar la negación. Pocos pueden aceptar una situación adversa que implique cambios por menores que fueren. Esto requiere incluso en algunos casos acompañamiento profundo por parte de los jefes directos. Más que contar con un líder que la haga de “psicoterapeuta”, es menester que posea la sensibilidad necesaria para ofrecer acompañamiento psicológico o ayuda profesional de catarsis profunda.La catarsis emocional permite hacer más llevadera la vida laboral.


Uno de los atributos de los líderes es el efecto de imitación que ejercen en sus grupos de trabajo. Así como actualmente deben luchar contra sus demonios y flaquezas tienen que apoyar a sus subordinados en sus propias batallas. Los directivos, los gerentes, están obligados a guiar con el ejemplo y con información responsable a los empleados. Deben esforzarse por brindar confianza.


El valioso papel de los líderes

La toma de decisiones responsable parte de una sensación de seguridad, de calma. Y en ese sentido, los Directores poco a poco van tejiendo una red de seguridad con lo que dicen y, sobre todo, lo que hacen, conductas que son minuciosamente registradas por el personal de sus organizaciones. Punto importante para su credibilidad es que sepan motivar, que escuchen y que, como gente de carne y hueso que son, tengan la humildad de admitir sus errores. Pocas cosas son tan benéficas para el trabajo organizado como un clima de confianza.


No bastan las habilidades técnicas para generar resultados en las empresas. Como es bien sabido, además del componente racional, existe un poderoso componente emocional en todos sus integrantes. La comunicación abierta, donde se aliente a la gente a expresar sus sentimientos, es de gran utilidad para desterrar los demonios y enfocarse en las tareas. Este tipo de procesos deben partir desde el Director General, quien, tras aceptar sus temores, facilita que los demás puedan hacerlo. Cuando el jefe mantiene una sana apertura y es capaz de modificar actitudes y conductas ayuda en mucho a la productividad grupal.


En el fondo de todo, lo que atemoriza a ejecutivos y empleados es la sensación de falta de control. Además de diversas técnicas de relajamiento, pueden acudir a herramientas sencillas como la partición de problemas en piezas sueltas. Es decir, por más grande que sea un desafío, el seccionarlo en pequeños problemas que puedan ser resueltos uno por uno, brinda un sentimiento de logro, lo que refuerza conductas que se traducen en acciones en favor de la empresa.

Las empresas exitosas tienen detrás a líderes que retan a su gente a cambiar paradigmas. Hay ejecutivos que destacaron bajo ciertos supuestos, trabajando con determinadas metodologías. Sin embargo, en algunos casos pueden haber sido rebasados por la nueva realidad y tendrán que reinventarse y erigir nuevos modelos de trabajo, con la mentoría de sus Directores y Gerentes.


El miedo, la negación y la necesidad de aprender no son necesariamente retos nuevos. Sin embargo, hay un número creciente de ejecutivos de alto nivel que son víctimas de ellos en un entorno difícil y muy cambiante, como el presente. Depende en buena medida de los Directores Generales, ayudar a sus líderes a resolver estos obstáculos, incluyendo el aspecto emocional. Sin exageración alguna, de esto depende el sano crecimiento y a veces la supervivencia de sus compañías.

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